La presidenta Claudia Sheinbaum celebró este martes las declaraciones del rey Felipe VI, en las que reconoció que durante la conquista española en América ocurrieron “muchos abusos”, como un gesto significativo de acercamiento y reflexión histórica. En un contexto donde las narrativas sobre el pasado colonial siguen generando tensiones entre México y España, las palabras del monarca fueron recibidas con cauteloso optimismo por parte del gobierno mexicano.
Sheinbaum destacó que este reconocimiento, aunque tardío, representa un avance en la manera en que España aborda su legado histórico en el continente. Sin embargo, no pasó por alto las críticas que el rey enfrentó en su propio país, especialmente desde sectores de la derecha, que cuestionaron sus palabras. Según la mandataria, estas reacciones reflejan una visión anclada en estereotipos coloniales, donde se ha intentado justificar la violencia de la conquista bajo el argumento de que los pueblos originarios eran “bárbaros” o incapaces de autogobernarse.
La postura de Sheinbaum subraya la importancia de revisar la historia con honestidad, sin caer en revisionismos que minimicen el impacto de la colonización. Para el gobierno mexicano, el reconocimiento de los abusos cometidos no es solo un acto simbólico, sino un paso necesario para construir una relación más equilibrada entre ambas naciones. Aunque México ha sido claro en su demanda de una disculpa formal por parte de España —algo que hasta ahora no ha ocurrido—, las declaraciones de Felipe VI abren una puerta al diálogo sobre temas pendientes, como la reparación histórica y el respeto a la memoria de los pueblos indígenas.
El debate en torno a la conquista no es nuevo, pero ha cobrado mayor relevancia en los últimos años, especialmente en América Latina, donde movimientos sociales y gobiernos progresistas han impulsado una revisión crítica del pasado colonial. En México, este tema ha estado presente en el discurso oficial desde la llegada de la actual administración, que ha promovido una narrativa centrada en la reivindicación de las culturas originarias y en la denuncia de los crímenes cometidos durante la invasión española.
Aunque las palabras del rey no equivalen a una disculpa, su mención explícita a los abusos marca un contraste con posturas más defensivas que han prevalecido en España. Sectores conservadores de ese país han insistido en que la conquista trajo “civilización” a América, una narrativa que choca con la realidad histórica documentada por cronistas, historiadores y, sobre todo, por las voces de los pueblos que sufrieron la violencia, la esclavitud y el despojo.
Para Sheinbaum, el gesto de Felipe VI es un recordatorio de que la historia no puede ser contada desde una sola perspectiva. La mandataria enfatizó que, más allá de las diferencias políticas, es fundamental que ambas naciones reconozcan los errores del pasado para avanzar hacia una relación basada en el respeto mutuo. Sin embargo, advirtió que este tipo de declaraciones deben ir acompañadas de acciones concretas, como el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas y la promoción de políticas que reparen, en la medida de lo posible, las injusticias históricas.
El tema sigue siendo sensible, pero el hecho de que un monarca español —figura que encarna la continuidad de la Corona— haya mencionado los abusos de la conquista sin rodeos, representa un cambio en el tono del discurso oficial. Queda por ver si este gesto se traducirá en avances tangibles o si, como ha ocurrido en otras ocasiones, quedará en un mero reconocimiento retórico. Mientras tanto, en México y en otros países de la región, la discusión sobre cómo abordar el legado colonial sigue abierta, con la esperanza de que las palabras no sean solo un eco del pasado, sino el inicio de una nueva forma de entender la historia compartida.
