Ana Luisa Peluffo, una de las actrices más emblemáticas y queridas de México, falleció en la tranquilidad de su rancho en Jalisco, rodeada del cariño de sus seres más cercanos. Su partida, ocurrida en paz, deja un vacío en la industria del entretenimiento, pero también un legado imborrable que perdurará en la memoria de quienes admiraron su talento y su carisma a lo largo de más de siete décadas. En un comunicado difundido por su familia, se informó que los servicios funerarios se llevarán a cabo de manera íntima, respetando su última voluntad. “Agradecemos de corazón el afecto de todas las personas que, a lo largo de los años, valoraron su trayectoria y disfrutaron de su trabajo. En estos momentos, pedimos comprensión y respeto. Su recuerdo vivirá siempre en quienes tuvieron el privilegio de conocerla”, expresaron.
Con una carrera que abarcó desde el cine clásico hasta la televisión y el teatro, Ana Luisa Peluffo se consolidó como una figura fundamental en la cultura mexicana. Nacida el 9 de octubre de 1929 en Querétaro, su nombre quedó grabado en la historia del espectáculo desde sus primeros pasos en la pantalla grande. Su debut ocurrió en 1948, cuando participó en la producción estadounidense *Tarzan and the Mermaids*, filmada en las paradisíacas playas de Acapulco. Este primer acercamiento al cine internacional marcó el inicio de una trayectoria que la llevaría a convertirse en una de las actrices más prolíficas del país, con más de 200 películas y programas de televisión en su haber.
A lo largo de los años, Peluffo demostró una versatilidad excepcional, transitando con igual maestría por el drama, la comedia y el melodrama. Su talento no solo cautivó al público mexicano, sino que también trascendió fronteras. En 1977, su participación en *Flores de papel* la llevó al prestigioso Festival Internacional de Cine de Berlín, donde su actuación fue aplaudida por la crítica internacional. Este logro reafirmó su lugar en el cine de autor y consolidó su reputación como una intérprete capaz de brillar en los escenarios más exigentes.
Más allá de su faceta como actriz, Ana Luisa Peluffo fue un ícono de elegancia y carisma, cuya presencia iluminaba cada proyecto en el que participaba. Su voz cálida, su mirada expresiva y su capacidad para conectar con el público la convirtieron en una favorita de varias generaciones. Aunque su filmografía incluye joyas del cine mexicano como *El esqueleto de la señora Morales* y *El ángel exterminador*, su influencia se extendió también a la televisión, donde participó en telenovelas y programas que marcaron época.
Su legado, sin embargo, va más allá de los premios y los reconocimientos. Peluffo fue una mujer que rompió moldes en una industria dominada por estereotipos, demostrando que el talento y la perseverancia no tienen edad ni límites. Incluso en sus últimos años, mantuvo una presencia activa en el medio, recordando a todos que la pasión por el arte no se apaga con el tiempo. Su vida fue un testimonio de dedicación, profesionalismo y amor por su oficio, valores que inspiraron a colegas y admiradores por igual.
Hoy, México despide a una de sus grandes damas del espectáculo, una artista que supo conquistar corazones con su gracia y su autenticidad. Aunque su ausencia deja una profunda tristeza, su recuerdo permanecerá vivo en cada película, en cada escena y en cada sonrisa que su trabajo logró arrancar. Ana Luisa Peluffo no solo fue una leyenda del cine nacional; fue, ante todo, una mujer que hizo historia con su talento y su humanidad. Que descanse en paz.

